MÉXICO PARAÍSO DE PEDERASTAS, AMLO MINIMIZA ABUSOS CONTRA NIÑAS

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  • “No, no vine a Guerrero a ver la venta de niñas. Hay una campaña informativa para distorsionar las cosas” presidente de México.

GUERRERO.- Durante uno de sus recorridos por Guerrero, el presidente Andrés Manuel López Obrador fue cuestionado sobre la venta de niñas en el estado, luego de conocerse esa clase de situaciones en la entidad, a lo que respondió:

“No, no vine a Guerrero a ver la venta de niñas. Hay una campaña informativa para distorsionar las cosas, lo que ha provocado que se cuestione este tema, pero no es la regla…no es motivo para cuestionar a nadie. En las comunidades hay muchos valores morales, culturales, espirituales para regenerar la vida pública. Eso puede ser la excepción ¿qué acaso la prostitución solo está con los pobres? Es muy enajenante el manejo de la información que se transmite”.

Uno de esos casos que reavivó la lacerante realidad en ese lugar, fue el de un individuo llamado Rutilio Julián Moreno, quien compró a una niña cuando tenía 11 años de edad, supuestamente para que se casara con su hijo Rafael Julián, en la comunidad de Joya Real en Guerrero.

El sujeto abusó de la menor durante más de cuatro años, hasta que tenía 15 años de edad, cuando logró escapar, pero fue detenida por integrantes de la Policía Comunitaria de la localidad de Dos Ríos, por no obedecer las costumbres y encarcelada.

Para quedar libre, tenía que dar 220 mil pesos, el doble de lo que había que pagado el comprador al que había denunciado por abuso sexual y violación.

En contraposición a lo expuesto por el jefe del Ejecutivo Federal, organizaciones no gubernamentales estiman que al menos 300 mil niñas han sido vendidas desde hace décadas para matrimonio infantil y en la mayoría de los casos para la explotación sexual, aunque no existen cifras exactas, pues la mayoría de esos casos no se registran.

Dicho fenómeno se agudiza en los poblados que conforman La Montaña de Guerrero, donde las niñas son vendidas desde 5 mil hasta los 200 mil pesos o en especie, esto es que el pago se traduce en ganado, semillas y muchas de las veces en licor o cerveza, lo que deriva en los embarazos en niñas desde los 12 años, en promedio

Martha Edith Givaudan Moreno, directora ejecutiva del Instituto Mexicano para la Investigación de Familia y Población, conocido popularmente como la organización “Yo Quiero, Yo Puedo”, dijo que en la montaña de Guerrero, las niñas tienen precio, en una especie de esclavitud en pleno Siglo 21.

Pagan por niñas a partir de los 9 años, desde 5 mil hasta 200 mil pesos o incluso en “especie”, con ganado o cerveza, una práctica atribuida a «usos y costumbres» de las comunidades, práctica a la que las mujeres indígenas se someten por sus carencias y su propia vivencia, frente a lo que las autoridades permanecen apáticas, señaló la activista.

“MATRIMONIOS INFANTILES”

“Te ponen un precio y así te venden, así, sin preguntar, sin avisar. No tienes opción de decir que no. Nadie en el pueblo nos ayuda, ni el municipio, ni el Estado, ni el gobierno”, relató Julia, una mujer indígena que fue vendida por su abuelo a los 13 años y que logró escapar luego que su esposo la golpeara durante años.

«Dizque los usos y costumbres nos protegen, pero en realidad permiten el abuso de las niñas y mujeres”, dijo Mariana que también fue vendida en su niñez, “a nuestros pueblos no llegan los programas sociales y menos para ayudar a la mujer. De hecho, antes el programa ‘Prospera’ ayudaba algo, pero en los últimos años no llegan recursos ni programas ni nada, muchas niñas están sufriendo».

«Hay tráfico de drogas y armas en los pueblos y eso tampoco es parte de los usos y costumbres indígenas. ¿Por qué las autoridades permiten que siga la venta de niñas como si fueran animales, amparándose en los usos y costumbres?», cuestionó.

Ana, otra víctima de esta práctica, reclamó también el rol de los militares en sus comunidades, “los soldados que llegan al pueblo ¿por qué no nos defienden?», al contrario, ellos se aprovechan de nosotros también y nos hacen daño».

-Ello es una flagrante violación a la ley federal y no es posible que el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador, quien dice apoyar al pueblo, no distinga la diferencia entre prostitución y trata de personas, en la que niñas y mujeres son obligadas a prostituirse, acotó Givaudan Moreno.

-Pero además de ser vendidas, añadió, las niñas frecuentemente tienen que trabajar para la familia que pagó por ellas, para «recuperar» la deuda por su compra, lo que hace una doble esclavitud.

-Puede ser que un señor decide comprar una niña o que la adquiera para su hijo, para que tenga una mujer, pero es ahí que además de la explotación sexual la víctima también tiene que trabajar en la casa, va a hacer el quehacer, las tortillas, la comida y va a salir a sembrar; todo el rol tradicional se le está imponiendo a una niña que debería estar en la escuela, abundó.

Givaudan Moreno también se refirió al grave problema del embarazo de las niñas compradas.

-Los problemas asociados con el embarazo ni siquiera se dan en la adolescencia, sino en la pubertad, con las consecuencias de salud que esto tiene, al grado que se pone en riesgo la vida de las niñas que se convierten en madres prematuras con bebés de alto riesgo y así se perpetúa ese ciclo de violencia y pobreza, explicó.

En el Estado de Guerrero, que ocupa el segundo lugar en embarazos de adolescentes, ocurren dos de cada 10 nacimientos de bebés cuyas madres tienen menos de 14 años, “no solamente es un problema de género, sino de derechos, de pobreza, de salud, que implica una serie de acciones que se tienen que contrarrestar», remató Givaudan Moreno.

Un riguroso estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), colocó a Acapulco como la ciudad número uno en prostitución y explotación infantil, desplazando a Tijuana y Cancún, que ocupaban los primeros sitios.

TESTIMONIOS DE VÍCTIMAS

“No quiero que me vendas», gritaba Eloina, una más de las niñas protagonistas del drama de la venta de niñas indígenas en Guerrero, pero pese a sus súplicas fue entregada en matrimonio bajo un acuerdo ancestral de usos y costumbres de los pueblos en la Montaña.

«No somos animales. Los animales son los que se venden», dijo esta indígena mixteca de 23 años, vendida a los 14 en la comunidad Juquila Yuvinani, en el municipio de Metlatónoc, entre las locvalidades más pobres de la entidad.

Las niñas quedan en absoluta vulnerabilidad. Su nueva familia las esclaviza con tareas domésticas y agrícolas y a veces los suegros abusan sexualmente de ellas», señaló Abel Barrera, antropólogo y dirigente de la ONG Tlachinollan.

TE PUEDO HACER LO QUE QUIERA PORQUE TE COMPRÉ

«Te hacen sufrir por el simple hecho de haberte comprado», expresó en mixteco Maurilia, una partera de 61 años que también fue vendida de niña y que rechazó hacerlo con sus hijas, «muchas mujeres dicen yo sí voy a vender a mi hija en 110, 120 mil pesos porque necesito dinero’, pero a mí me da mucha tristeza escuchar esas cosas.

-Las mujeres vendidas a fuerza tienen que atender al suegro que aseguran que pueden hacerles lo que quieran porque ya “las pagaron”, dice de manera anónima una mujer porque el pueblo no está de acuerdo con ella y podría agredirla, además de que está angustiada porque su esposo podría repetir la historia con sus dos hijas.

De acuerdo a cifras oficiales, más de 3 mil niñas y adolescentes guerrerenses de entre 9 y 17 años, han parido, algunas de ellas dentro de esos matrimonios arreglados.

Benito Mendoza, integrante de la organización Yo quiero, Yo puedo, dice que los padres cobran porque creen que deben recuperar lo gastado en las mujeres durante su crianza y la mayoría sigue vendiendo a sus hijas.

En 1996 Petra García Patricio tenía 13 años. Su padre había salido a hacer un trabajo de albañilería. Su mamá se le acercó y le advirtió: «Te vas ahora o te quedas para siempre».

La entonces niña, llevaba semanas escuchando a sus padres todas las noches. Su papá decía que estaba negociando, que andaba viendo quién le daba más por ella. Una noche llegó un vecino que le triplicaba la edad. Llevaba varios cartones de cerveza y le dijo que volvería al otro día “para cerrar el trato”.

-«Yo me asusté mucho y ya no pude dormir. Tomé mi ropa vieja, mi acta de nacimiento, mi certificado de primaria, lo eché todo en una bolsa transparente y mi mamá me dijo: ‘Ten estos 50 pesos, no puedo ayudarte con más».

Actualmente Petra es una enfermera especializada y ha tenido una destacada e importante labor durante la pandemia del Covid.

ACAPULCO, PARAÍSO PARA PEDERASTAS

Investigaciones periodísticas de diversos medios y de autoridades estatales y municipales de Acapulco, Guerrero, revelan que al menos desde hace un lustro, las mafias tailandesa y mexicana, manejan y controlan la prostitución infantil en el puerto de Acapulco, convertido ahora en el paraíso de los pederastas.

Al respecto, se han recogido infinidad de testimonios que confirman lo negado por las autoridades, como son los miles de niños que se prostituyen en el paradisíaco puerto, la inmensa mayoría obligada por sus explotadores y el resto acicateado por las drogas a las que primero los volvieron adictos.

Uno de esos trabajos detalla:

La primera vez que Jarocho me ofreció a una niña por 300 pesos le dije que sí, que a eso había ido al Zócalo y se dispuso a traerla de un callejón. Le dije que no, que mejor volvería más tarde.

-De una vez, brother, el yate llega a la una de la mañana y ahí vienen gringos ya rucos que se llevan a las más morritas. Orita hasta te puedo conseguir una de nueve o diez años.

-Regreso antes de esa hora, nada más no vayas a fallar.

-¿Qué pasó, brother? Los hombres sabemos hacer negocios. Y como me caíste a toda madre, te la voy apalabrar pa que te dé un servicio chingón. Ái tú te arreglas con ella si quieres cosas más perversonas.

Volvió después de que el yate “Aca Rey” había atracado y entonces el llamado Jarocho, que sólo era el que acarreaba los clientes, le llevó a Allison, una niña de 12 años que ya era adicta a la cocaína en piedra.

En un antro de ínfima categoría, otra jovencita de 14 años de edad, llamada “Mía” en el lugar. cuyo nombre real era Adriana, bailaba en el tubo. Estaba orgullosa de su edad porque decía que hasta los clientes se pelearan por ella.

El supuesto cliente la llamó y la niña-mujer, que ya estaba algo ebria, intentó sentarse en sus piernas y la mandó a una silla.

-¿Qué, eres joto?

-No, pero tienes la edad de mi sobrina y me miró como si me hubiera vuelto loco. Luego, ordenó una cerveza mientras enumeró sus reglas:

-Me tienes que dar 40 pesos por estar aquí contigo; con eso ya pagas mi cerveza. Si quieres algo más, allá atrás hay cuartos. Cuestan 100 pesos y yo te cobro 200. Si quieres que te la chupe, son 100 más.

-A mí lo que me gusta es platicar-

-Bueno, dame los 40 y platicamos.

Al sacar el dinero la miré bien: los ojos, de negro intenso, casi se perdían en la cara; maquillada de manera grotesca, los pechos apenas le estaban creciendo y su cuerpo moreno, daba cuenta que apenas empezaba a desarrollarse.

Era de Tierra Caliente. Llegó a Acapulco hacía medio año y comenzó a trabajar en una tienda de autoservicio, pero cuando se enteró que en el “Venus” podía ganar 800 pesos diarios, cambió de trabajo.

Su mamá no sabe a qué se dedica, “y si lo supiera no le preocuparía porque yo la mantengo a ella, a mi abuelita, a dos sobrinos y como mi papá se fue a California y nunca regresó necesitamos el dinero”.

Dijo que prostituirse no le quita el sueño, “en mi pueblo venden a las mujeres desde chiquitas, con eso pagan la tele que compran o las cervezas que no pagaron”.

La plática se acabó porque un sujeto gordo, cincuentón, la llamó con la mano en la cartera para que se sentara con él. Se bebieron una caguama y luego se la llevó a los cuartos de atrás.

Andrew, de 60 años, un gringo de Boston avecindado en Acapulco, se encarga de “conseguir chicos” en Playa Caleta. El contacto son las indígenas que venden artesanías. Se les compra alguna baratija, cuyo valor no corresponde por lo elevado, y ya está.

En el precio ya va incluido “el chico” o la niña que cuesta más entre más pequeño sea, desde los 5 años de edad.

En el DIF municipal, una de las funcionarias contó que las indígenas tienen el hábito de vender a sus hijos a los extranjeros y de acuerdo al Centro de Atención a Víctimas de Delito de la FGR, al menos la mitad de los más de dos mil niños que se prostituyen en Acapulco son indígenas.

Manuel, de 16 años, se prostituye desde los seis cuando se salió de su casa por maltratos del padrastro.

-He andado por el DF, Hidalgo, Puebla, Veracruz, Cuernavaca y Chilpancingo. Aquí, a Acapulco, ya tiene que llegué como desde 2004 y está chido.

Vive por días en el albergue del DIF municipal, al que llegan niños de la calle rescatados por directora del lugar, Rosa Muller, donde les dan comida, ropa, baño y ahí, si quieren, pueden vivir hasta que cumplan los 18. Nadie está obligado a quedarse.

Él entra y sale del albergue dependiendo de las ganas que tenga de drogarse, para comprar piedra, mariguana y ropa nueva para presumir con la banda.

Dice que cuando está afuera gana unos 6 mil pesos a la semana.

-Siempre hay clientes la mayoría viejos, pero hay de todo: gabachos, de Canadá, franceses y mucho mexicano. No es cierto que nomás los turistas de otros países nos busquen. Hay batos de aquí más dañados.

-El precio que manejamos casi todos es de 200 pesos, más 100 por quedarnos a dormir. Los gabachos y las gabachas dan más: 400. Y lo chido de ellos es que te llevan al parque Papagayo, a Recórcholis o se hospedan en hoteles bien chingones.

-Yo he ido al Avalón, al Hyatt, al Presidente, al Emporio y al Princess. Son muy bonitos. Pero no creas que me apantallan los gabachos. Sé inglés. Bueno, me defiendo, se decir cómo me llamo, mi teléfono, de dónde soy y todas las groserías.

-Así conquisté a una gringa como de 50 años. Es la gabacha más vieja con la que he estado y la más chica una de 30, cuando yo tenía como ocho años.

-Con la mota y la piedra la hago. A veces también al PVC, pero poco porque se me mete el diablo. A ese le hago porque la lata cuesta 50 pesos y a mí el de la ferretería me lo da a 35, es que a veces me quedo con él.

-Aquí me ha tocado ver muchas muertes. A un jotito con el que me juntaba lo treparon a un carro y lo apuñalaron. No sé si eran sus clientes, pero yo vi caer al bato. Otro se murió de cáncer y una morrita de sobredosis. Ángel, el gordo, murió de Sida. Yo hasta eso, soy negativo. Aquí en el albergue nos hacen la prueba a cada rato. No le tengo miedo al Sida. Soy un cabrón con suerte.

Allan García, uno de los editores de La Jornada Guerrero, revela datos duros:
Hay paquetes exclusivos para pederastas que incluyen hotel y niño. Costos: de 200 a 2 mil dólares, según el grado de pubertad. El chico sólo recibe 20 dólares. Desde los cinco años se prostituyen. A los 18 ya no sirven. Los que controlan la prostitución infantil en Acapulco son, sobre todo, tailandeses.

Después del turismo y la venta de droga, la prostitución infantil es la actividad que deja más ingresos en Acapulco.

Hay un autobús con un azteca grabado en el parabrisas. Circula por todos lados, menos en su ruta. No levanta pasaje. Suben niñas que se van con hombres ancianos cada vez que el camión se detiene. A la hora de lavar el camión las chicas se pelean por hacer la limpieza, porque el chofer no paga con dinero, paga con droga y con clientes que gastan.

Nayeli, de 16 años de edad, que participó en la realización de un documental, contó que a los 13 fue mamá y su padrote le pegaba para quitarle dinero y “para cuidarla”.

La directora del albergue del DIF municipal, contó su historia:

Nayeli era una costeña que desde que nació fue linda. Antes de cumplir los siete años ya era parte del catálogo que un padrote mostraba a los clientes. A los 13, el proxeneta la hizo madre y le quitó el bebé porque le dijo que una adicta como ella lo terminaría matando.

Nayeli se la pasó en las calles hasta que un chico de la banda se enamoró de ella y juntos lograron rentar un cuartucho. Una noche salió drogada de su casa y desapareció. Días después la encontraron tirada en la calle, con 25 puñaladas y degollada.

Supuestamente, por unos cuantos pesos, Nayeli delató un quemadero y los traficantes se la cobraron con su vida. Cuando el DIF quiso recoger el cadáver en el forense para sepultarlo, ya había sido enviado a la fosa común.

Samy, de nueve años, que aseguró no ser homosexual, “yo nomás doy y tengo novia”, dijo que su mejor experiencia fue con una pareja de cubanos; mientras él recorría el cuerpo de la mujer, el hombre lo grababa. Le dieron 100 dólares y con eso se fue a nadar al parque de diversiones Cici, comió en una taquería del centro, se compró dos camisetas y lo demás se lo inhaló.

El aviso oportuno también participa en el juego.

En la Agenda Amarilla del Novedades, “El diario de la familia guerrerense”, se miraban dos anuncios:

¡Chavita de secundaria! Tiernita, Bebita hermosa y sexy. ¿Qué esperas?
Chiquilla bonita. Soy estudiante de secundaria. Delgadita. Bustona. Llámame.

En otro anuncio clasificación xxx, una mujer con voz de niña, dijo llamarse Lulú, ser estudiante de secundaria, con amplia experiencia y dispuesta casi a todo. Cobraba 2 mil pesos y 500 más por tener sexo anal. Nada de fotos, nada de video.

Yahaira, una niña de Pachuca, llegó un día hasta el albergue, con un pastel de cumpleaños, una pierna gangrenada, una tuberculosis avanzada y VIH. Murió a los dos meses.

Oliver, de 12 años, además de prostituirse, se dedicaba a vender drogas. Se le hizo fácil consumir y no pagar al dueño del negocio. Para que escarmentara lo amarraron con cinta canela a un árbol.

En dos semanas sólo le dieron agua, sopa de pasta y una golpiza diaria. A los médicos les llevó varios días salvarle las manos y a él cinco minutos volver a escapar. No se volvió a saber de él.

Lilia, de 16 años:

-Yo era de ésas que andaba vendiendo droga, “El buenero” hasta me dio una pistola para defenderme. Era una 22, bien perrona. Le entré porque a mí no me gustó eso de acostarme con los gringos. Un día uno me pegó y ya no quise.

-De ahí les tiré la onda a las mujeres, pero hubo nada más una, creo que era de Italia porque hablaba bien chistoso. Se puso bien loca en el cuarto, como que quería matarme. Era flaquita y yo le di sus madrazos y me fui. Por eso me metí de dealer. Bueno, me metieron.

-Aquí hay mucho narco que nos agarra para vender, porque a nosotros no nos meten a la cárcel, nomás nos dan unos zapes y nos quitan la droga y le entras porque le entras. Si no quieres, te pegan. Dicen que a uno hasta lo mataron. Ya luego me harté y mejor me vine al albergue, a lo mejor luego regreso.

Norma, de 16 años. Creció en Tepito. Se fue de ahí al morir su mamá de Sida. Yo digo que mi papá la contagió; siempre fue muy mujeriego, pero quién sabe, mi mamá también tuvo sus novios y cuando andaba drogada no se fijaba.

De lo otro, de cómo empecé a prostituirme, no me gusta hablar. Me da ansiedad. Pero ya estoy aquí, ya qué.

-A los seis años me violó un primo, luego, como a los ocho, me violó un tío, hermano de mi papá. Ya tenía como 11 años cuando mi papá llegó drogado y quiso hacérmelo. Sólo Dios sabe por qué no pudo. Si me lo hubiera hecho, seguro yo también tuviera Sida. Desde ahí ya no me gustaron los hombres. Me dan asco.

-Hace como cuatro años, cuando llegué a Acapulco, me dijeron que había señores que se acostaban con la chamacada. Yo, al principio, no quería. Luego vi que les regalan cosas y que la banda trae dinero.

Entonces dije “chingue a su madre, le entro”. Eso sí: siempre lo he hecho bien drogada. Como que en mi juicio no se me da, hasta me dan ganas de vomitar.

La bronca es que luego ni te acuerdas de lo que te hicieron. Yo luego he despertado con dolores en todo el cuerpo y con moretones. Con quienes sí me ha gustado, la verdad, es con las gringas. A ellas sí se los hago como con amor. Había una que me buscaba mucho. Ella me regaló un celular y ropa. Me dijo que quería llevarme a Estados Unidos para que viviera con ella, pero ya nunca volvió.

En el Zócalo de Acapulco hay puntos claves que de manera regular no se ven o más bien, para qué están:

La banca que está frente al Oxxo es para que se sienten las mujeres que buscan niño. Unos metros adelante, a la derecha de sur a norte, hay otra banca que rodea un árbol. Esa es para las niñas.

Los pederastas lo saben muy bien. Basta con sentarse y esperar y “la mercancía” llega sola.

SOL DE QUINTANA ROO